“La batalla por la credibilidad”, así reza el título del artículo de Luis Aizpeolea en El País. Desde mi punto de vista, parece mentira, pero esa batalla de momento la tiene ganada la Izquierda Abertzale. Y eso que los activos de la IA no invitaban a pensar que esa victoria fuese suya tras las decepciones que hemos cosechado desde Lizarra Garazi quienes apostábamos por un final dialogado de la lucha armada en Euskadi.
Sin embargo, quienes lograban victorias policiales y judiciales paradójicamente pueden acabar perdiendo la batalla de la credibilidad. Y es que el señor Rubalcaba, sin necesidad de remontarnos a años oscuros de gobiernos socialistas liderados por Felipe González, ese del que tantos alaban su astucia, está perdiendo ni más que menos el terreno de la credibilidad y ni más ni menos que ante la Izquierda Abertzale.
No se comprende cómo, el Gobierno Socialista ha dejado en manos de los jueces una decisión política que podía haber apuntalado un proceso de paz irreversible en Euskadi , la única baza que tienen los socialistas para remontar las encuestas. No tienen nada que perder pues difícilmente podrán caer más abajo y sin embargo, no se sabe si por miopía propia o por miedo escénico al PP, no han sabido vender como una victoria de la democracia la presentación de los estatutos de Sortu. Una victoria en la medida que Sortu ha sido la respuesta de la izquierda Abertzale a la insistente pregunta de Rubalcaba en la que exigía a la Izquierda abertzale que eligiese entre bombas y votos. Pues bien, una vez que la Izquierda Abertzale le responde que elige los votos, Rubalcaba cambia de criterio y pide al Tribunal Supremo la no legalización de la IA por tratarse de una continuación de Batasuna, un argumento tan evidente como desastroso por poner en bandeja la victoria de la credibilidad a la Izquierda Abertzale. Parece como si Rubalcaba hubiese deseado la respuesta “bombas” en lugar de la de votos. Continuidad sí pero catarsis también en beneficio de la democracia y de la paz.
El clamor silencioso pero ensordecedor a la vez de ayer en Bilbao fue rotundo y claro. No supedita la paz a la legalización pero ésta puede hacer mucho por lograr la paz. Es una actualización de la frase de Zapatero en el fallido proceso de 2006. “La paz no tiene precio político pero la política puede hacer mucho por alcanzar la paz” decía. De ayer no se pueden extraer lecturas electorales. Muchos acudimos por sentido democrático y porque reconocemos el esfuerzo de la IA por el camino emprendido y queremos mirar hacia adelante sin que un retrovisor excesivamente grande nos lo impida. Cuando lleguen las elecciones los ciudadanos sabremos poner a cada uno en su sitio, pero ese sitio se lo tienen que ganar día a día y nadie podrá vivir de las rentas del pasado sino de sus actuaciones presentes y futuras que son las que irán forjando la credibilidad y honestidad de cada uno.