Es el título del libro de Stéphane Hessel cuyo prólogo está escrito por mi siempre admirado José Luis Sampedro. Un título que viene de perlas para el asunto que me suele ocupar en este blog. Y lo digo porque ayer mismo, en una nueva aparición estelar de Jesús Egiguren, mostraba su indignación por la falta de sentido de Estado que muestran gobierno y oposición en España. Bienvenido Jesús a la tribu de los indignados por este motivo. Bienvenido también a la tribu de los que llevamos tiempo señalando la falta de valentía política de Zapatero a la hora de abordar la pacificación. Bienvenido también a esta tribu que vemos España como un país en el que la policía judicializa, la justicia hace política mientras los políticos se dedican a zaherirse y a reírse los unos de los otros, y de paso de nosotros. No me atrevo a decir que el tiempo te ha dado la razón porque ahora, querido Jesús, no defiendes lo que defendías en el anterior proceso de paz (¡Cuántas veces te habré criticado en este blog con argumentos como los que tú ahora defiendes!). Y aunque sigas empecinado en decir que la ley de partidos que tanto has defendido es la que nos ha permitido llegar a esta situación, yo te diré que sí, nos ha permitido efectivamente arrastrar más tiempo del necesario esta situación a la que bien se podría haber llegado antes, de haber facilitado las cosas a los que en la IA defendían la política como vía exclusiva para alcanzar fines políticos. Pero, del mismo modo que le dábamos la bienvenida a la IA por su valentía a la hora de apostar por SORTU, también te la damos ahora a ti y a las tímidas voces que desde lehendakaritza empiezan a oírse para señalar la necesidad de preservar la coherencia de los “demócratas”. Resulta de lo más curioso que la torpeza mayúscula del Gobierno de Zapatero permita servir en bandeja de plata “la batalla de la credibilidad” a la IA. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo cada vez que se añaden nuevos pretextos para no legalizar a SORTU.
Pues sí, tenemos muchos argumentos para indignarnos por la actitud del Gobierno de España por su incapacidad y parálisis para liderar el final de la violencia poniendo en valor de forma pedagógica la victoria de la democracia que supone el abandono del apoyo político y social a la lucha armada como medio para lograr fines políticos. Es una absoluta necedad que este momento que tanto tiempo hemos anhelado sea gestionado con tanto desprecio. No se puede n hacer peor las cosas hasta el punto que se le concede de este modo la victoria moral a quienes no han sabido hasta hoy que la violencia no nos lleva a ninguna parte. Por este motivo, espero y deseo que, aunque esta necedad acabe con la ilegalización de SORTU, la IA siga por el camino emprendido. Como dice Stéphane Hessel, “tiene que resultar embarazosa la eficacia de una no violencia que tiende a suscitar apoyos, comprensión, la complicidad de todos aquellos que en el mundo son adversarios de la opresión”.